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El ‘Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo’ fue un movimiento carismático dentro de la Iglesia Católica argentina, que intentó articular la idea de renovación de la Iglesia subsiguiente al Concilio Vaticano II con una fuerte participación política y social; formado principalmente por sacerdotes activos en villas miseria y barrios obreros, entre 1967 y 1976 fue uno de los conductos por los se canalizó la acción social, muy cercano a organizaciones de la izquierda peronista y en ocasiones al marxismo.

Guillermo "Quito" Mariani

Guillermo "Quito" Mariani

Guillermo ‘Quito’ Mariani sacerdote durante más de 50 años es un reconocido exponente del ‘Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo’ de Córdoba“antes de tener contacto con la primera sección del Concilio -Vaticano II- había decidido dejar de ser cura, tenia 31 años en el año 62”.

Comenta que cuando “llegaron los primeros documentos del Concilio (…) me di cuenta que podía haber una Iglesia distinta, además se empezaron a hacer reuniones de curas que antes no se hacían  en la diócesis y así me tomo el Concilio devorando ávidamente todas las novedades que venían porque realmente presentaban una figura de cura, una figura de cristiano muy distinta a lo que había tenido lo tradicional y entonces me embarque en un cristianismo con un objetivo directo de lucha”.

El ‘Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo’ en Córdoba nace a raíz de la lucha emprendida por este grupo de curas para “rechazar al obispo de entonces que era Ramón Castellano que nos trataba como patrón de estancia, teníamos miedo nos llamaba solamente para retarnos. Hicimos una especie de revolución juntando gente, juntando firmas, mandamos a la Nunciatura 130 firmas de los 300 curas que había entonces en Córdoba y bueno empezó esto, fue una cosa muy larga pero al final salió”. “De esos 130 quedamos 30, al final de eso se formo en Córdoba en el año 68, en que la proclama de los 18 obispos del tercer mundo (…) llegó acá  y se cursó ese documento en todas las diócesis y los que adherían formamos un movimiento que llamamos ‘Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo’ que juntó más o menos en la República 300 sacerdotes, un 10% porque había entonces más o menos 3000 -3500”.

En la actualidad el movimiento se ha desgastado y la cantidad de integrantes ha disminuido ya que es un proceso natural en ese movimiento, porque era un movimiento que tenía toda su fuerza en una especie de juicio de análisis de la realidad política, de juicio para intervenir y para mover a los cristianos detrás de una cosa así. Y después se fue inclinando hacia lo mas intelectual y hacia el fomento de la religiosidad popular con mucha influencia desde Buenos Aires para quienes la estadía en la villas, consiste en la manera de estar con los pobres y de optar por los pobres, y sí, a veces es nada más que estar, porque hay otra manera que es la de fomentar la organización, la de hacerle conocer sus derechos, la de organizar movimiento de reclamos, por eso yo creo que ha perdido la identidad que le daba fuerza al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo”.
Con respecto a la pérdida de fieles y el desprestigio que ha sufrido la Iglesia Católica asegura que “el mayor desprestigio ha sido el silencio de la Iglesia en la Dictadura -de 1976- (…) la simpatía de la Iglesia se inclina por los que dan subvenciones a los colegios católicos, los que aumentan el presupuesto de culto, los que hacen profesión de dar bendiciones, de ser obedientes al Papa, de estar de acuerdo con los obispos, pero eso es más o menos de siempre, pero el gran desprestigio fue con el silencio durante la Dictadura. Yo creo que eso decepcionó a muy mucha gente y no solamente gente pobre, gente de todos los niveles, gente de clase media a la que pertenecían una cantidad de chicos torturados, desparecidos de todo eso, tenían mucha esperanza en la Iglesia, y en realidad la Iglesia no jugó la carta que debía jugar”.

“Yo creo que estamos en una etapa en que la Iglesia se va a ir desprendiendo cada vez más del pueblo, de la gente y se va encerrar y con este Papa -Benedicto XVI- va a llegar a una ruptura casi total con la sociedad, que creo que sería el momento de esperar otra Iglesia (…) una Iglesia que cultive todos los valores cristianos que responda a las inquietudes de los valores, a las inquietudes de la sociedad  y que se adapte, que tenga fluidez para que todo lo que no es un dogma de fe, es decir una verdad que forma la base de lo que creemos los cristianos tenga la ductilidad para adaptarse a las nuevas circunstancias de los tiempos y para dar respuesta así a las inquietudes más metidas en la gente, más servidora y no señora de la sociedad, una Iglesia que hacia adentro deje de ser monarquía y comience a ser un poco democracia y respetuosa de los derechos de cada uno”.

La pérdida de fieles también es producto de la falta de adaptación de la Iglesia a las inquietudes manifiestas por la sociedad “yo creo que se esta gestando una sociedad con valores que son distintos, pero que son  en el fondo  valores  Cristianos. Yo pienso que más que los valores hay como una especie de caprichos por no escuchar lo que son las verdaderas necesidades que está viviendo el hombre de hoy en todos los órdenes, en el orden familiar, en el orden social, en el orden económico, en el orden de la sexualidad, en el orden de la familia y es como si la Iglesia siguiera repitiendo la misma cantinela que ya en el mundo juvenil nadie le hace caso”.

Mariani ha escrito 3 libros. En ellos busca presentar “mi vida tal cual como había sido, con el intento primero de que el cura dejara de ser ese cilindro negro con una cabeza y unos pies que marcha y como que piensa un poco pero absolutamente impenetrable para todo un misterio aparecer como un hombre, aparecer con todo lo que para mi ha sido la riqueza de mi vida sacerdotal, que ha sido el compromiso político y el compromiso social, y aparecer como alguien entusiasmado con la misión sacerdotal como una misión de servicio a los hombres, de servicio humilde con lo que uno puede, con lo que uno nota que hace bien, entonces quise que fuera como una especie de humanización, de visión humanista del sacerdote, una explosión de transparencia  y también quise establecer de nuevo la polémica sobre el celibato obligatorio, que yo creo que hacia dentro de la Iglesia es lo que provoca todo lo dura que es la Iglesia hacia fuera”.

Se muestra en contra del celibato obligatorio  porque “recién cuando se viva hacia adentro lo que es el problema de la familia, de los hijos, de la natalidad, de la sexualidad, recién entonces va  haber un poco de apertura a lo que la gente vive”.

Corría el año 1969, Argentina era gobernada por otro gobierno de facto, la autodenominada “Revolución Argentina” presidida por el general Juan Carlos Onganía. El gobierno tomó una serie de medidas autoritarias y antiobreras, como la imposición del arbitraje obligatorio en los conflictos laborales, una ley de represión automática para huelgas y conflictos sindicales y la desactivación de la Comisión del Salario mínimo, vital y móvil, por la cual se congelaron la gran mayoría de las remuneraciones, que provocaron que el clima político y social generado fuera agravándose paulatinamente.

El 29 de mayo de 1969, en la ciudad de Córdoba, capital industrial del interior, se produjo la famosa revuelta popular conocida como el “Cordobazo”.

Irma Fuentes de Salis

Irma Fuentes de Salís

Obreros y estudiantes salieron unidos a las calles de Córdoba confluyendo desde los barrios periféricos e industriales hacia el centro de la ciudad. Irma Fuentes de Salís miembro de la Resistencia Peronista comenta cómo fueron los preparativos: “se anunciaba un paro general para los días 29 y 30 de Mayo. Los protagonistas, en su mayoría gente joven y combativa, empezamos a trabajar desde el 28 a la noche hasta las cuatro de la madrugada en una casa de barrio Jardín, junto a un grupo de compañeros, estudiantes y varios obreros de Luz y Fuerza, preparamos carteles, panfletos, grabaciones y otras cosas para participar con ánimo del paro”.

A la hora estipulada, interminables columnas de obreros, estudiantes, comerciantes, etc. avanzaron hacia el centro de la ciudad, aquella mañana bien templada, a pesar de la estación otoñal, me encaminé a mi trabajo. El paro estaba decretado para abandonar las tareas a las 10 de la mañana, yo trabajaba en una pequeña pensión de barrio Nueva Córdoba. Alrededor de la hora indicada sentí detonaciones a lo lejos, me apresuré para abandonar mi trabajo faltando algunos minutos, salí a la puerta de calle para observar el panorama, en ese momento justamente un grupo grande de obreros pasaba por la vereda, uno del grupo de obreros me dice… ‘señora, hay que salir a la calle hoy!!’… me sonreí, la pesadez y el sueño que sentía desaparecieron de mí”.

En cuanto al enfrentamiento con las Fuerzas Policiales recuerda: “me encontraba todavía en barrio Nueva Córdoba, en la calle Perú e Independencia, a media cuadra de la casa del gobernador, -cuando- sentí tiros muy cerca de mí, me detengo y veo en ese momento que 4 o 5 hombres se enfrentaron con la cana, les quitaron las armas, que entregaron sin resistencia porque detrás de esos 4 o 5 venían como 200 hombres dispuestos a todo, empezaron a empujar el coche patrullero al barranco quedando peligrosamente colgado, los tres policías que venían en el coche quedaron con las manos en alto”.

Irma sufrió directamente la represión de las fuerzas de seguridad al encontrarse en Plaza Colón “junto a otras mujeres que no conocía sacamos un toldo de una pizzería de lujo que había en Av. Colón frente a la plaza, mientras estaba en esa tarea, recibí una andanada de palos en mi hombro derecho y vi volar por el aire la gorra del cana que me golpeaba, 6 o 7 hombres se lanzaron encima de él, quedando en calzoncillos”.

“Alrededor del medio día la policía no accionaba, se les habían terminado las bombas de gases, no tenía armas y no reprimía, guardaron sus perros y sus caballos”.

Al referirse a los participantes comenta: “ahí estaba el pueblo pidiendo justicia, nos encontrábamos cara a cara con los radicales, que en otras épocas tuvimos duras diferencias, no había banderías en especial, estábamos todos juntos haciendo barricadas y elevando el grito de justicia social”.

“Cuando llegamos al pleno centro, era de ver algo jamás imaginado, a esa hora del mediodía ya habían matado al obrero Máximo Mena, en el Bv. San Juan, el pueblo enardeció y perdió el control, empezando a destruir la ciudad, se desató un verdadero huracán de fuego y humo, en especial en la Av. Colón, donde se quemaban en fila los coches Citroën y Renault”.

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“Desde las terrazas de los altos edificios arrojaban diarios, revistas, sillas rotas, cochecitos de bebé en desuso, cajas, cajones de madera, etc., (…) todo servía para barricada, se escuchaba el romper de vidrios y puertas que saltaban, era un verdadero infierno, ardía -la sastrería- Thompson & Williams, armerías y todo negocio de firmas extranjeras, en especial yanquis e inglesas”.

El por entonces jefe del IIIº Cuerpo de Ejercito General Sánchez Lahoz recibió órdenes de Buenos Aires para reprimir la revuelta y se declaró el Toque de Queda “alrededor de las cinco de la tarde irrumpió el Ejército con tanques ya que las calles eran imposibles de transitarlas con otra clase de vehículos”.

“Al anochecer aparecieron francotiradores que continuaron la lucha, esta vez contra el Ejército. Los camiones circulaban llevando todo al que encontraban, empezaron a ir de casa en casa a sacar la gente, nunca se supo con exactitud cuánta gente murió en el ‘Cordobazo’. Sé que mi sobrino, Ignacio Busto, desde ese día nunca más se supo de él, por más trámites que hicieron los padres, así muchos otros, que no figuraron en ninguna lista”.

 Numerosos dirigentes gremiales, estudiantiles y militantes de diversas organizaciones fueron detenidos  y juzgados bajo Consejos de Guerra, entre ellos, el Secretario General del gremio Luz y Fuerza, Agustín Tosco.

 “Mientras ese día, 29 de Mayo, los tiroteos continuaban, esa tarde me fui a casa de mi hermana, no quería volver a mi casa porque no sabía si había seguimientos, pero más fui para curarme de los palos recibidos, tenía un gran hematoma en la clavícula, mi hermana muy asustada quería llamar al médico o llevarme a algún consultorio u hospital, ¡le digo que no! ‘¿Qué le digo al médico? ¡Que la cana me cagó a palos!!’(…) me curé con remedios caseros y seguí como siempre, con toda naturalidad volvía a mi casa, el dolor se había atenuado”.

 “Al tercer día empezaron a circular los colectivos; (…) yo volví a mi trabajo, en una casa de familia donde trabajaba por horas, esa gente me conocía desde la niñez y gozaba de una confianza, ellos desconocían mi actividad política (…), el señor de la casa era un Comisario Inspector Antonio Roselli, así me enteraba de muchas cosas, llevada por la confianza que me tenían entré en conversación de los acontecimientos recientes, a lo que el Comisario me muestra la Orden del Día, donde había una larga lista de capturas, donde figuraba con el apellido equivocado, decía Irma ‘Saliche’ y me seguían todas personas conocidas, por cierto no demostré la mínima sorpresa, lo tomé con gran naturalidad y porqué no, con cierto cinismo, memoricé algunos nombres y me fui de casa en casa avisándoles, así pudimos zafar de caer en cana, la captura era provincial, o sea en todo Córdoba. La ciudad volvió a la tranquilidad, pero el Toque -de Queda-seguía, sólo se escuchaba de vez en cuando el tiro y el sordo resonar de las botas de los soldados en las calles por las noches”.

 “Al quinto día, ni sé cómo, me encontré en Buenos Aires junto con un grupo de compañeros que éramos candidatos al calabozo, abandoné trabajo, casa e hijos, etc. Luz y Fuerza nos dio los pasajes por avión y allá nos esperaban, nos recibieron muy bien, yo fui a casa de una compañera que no sabía ni cómo me llamaba, luego supe que era la esposa de John Williams Cook. La acción de unidad demostró claramente que las dictaduras, por duras que sean, pueden tambalear”.

 

 

El “Cordobazo” provocó varias renuncias en el gobierno y fue el inicio de un proceso de agudización de la protesta social y la lucha armada. 

La Guerra de Malvinas tuvo una duración de 74 días, entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982. El entonces presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri ordenó el desembarco de las tropas argentinas y se dirigió a la nación diciendo: “La decisión obedeció a la necesidad de poner término a la interminable sucesión de evasivas y dilaciones instrumentadas por Gran Bretaña para perpetuar su dominio sobre las islas y su zona de influencia”.

La localidad cordobesa de San Agustín no estuvo al margen del conflicto bélico, ya que tres de sus habitantes, Carlos Graziani, Miguel Calvo y Ramón Ángel Cabrera, participaron en la guerra. Graziani hoy tiene 45 años y es uno de los dos sobrevivientes. Tenía 19 años cuando comenzó a hacer el servicio militar obligatorio “Yo hice el servicio en el regimiento 25 en Sarmiento, Chubut había sido incorporado el dos de febrero, fui directamente destinado allá”.

Carlos Graziani, ex combatiente de Malvinas, oriundo de San Agustin.

Carlos Graziani, ex combatiente de Malvinas, oriundo de San Agustín.

Pocos días antes de que se declarase la ocupación de las islas, Carlos fue enviado a Buenos Aires y embarcado sin conocer su destino: “Nos trasladaron a puerto Belgrano y de ahí embarcamos. No sabíamos ni a dónde, nada. Un día antes de desembarcar ahí nos indican a dónde íbamos y cual iba a ser el objetivo. Se nos dijo que íbamos a ir a las Malvinas a recuperar las islas que eran nuestras, y bueno, como uno no es conciente de todo eso era una algarabía total, no sabía lo que iba a suceder… era muy chico. A las islas las toco el 3 de abril”.

El enfrentamiento bélico finalizó el 14 de junio cuando las tropas argentinas se rindieron. Carlos recuerda que: “En ese momento fue como un alivio… como diciendo bueno ya está, lo nuestro terminó, es tarea cumplida  bien o mal…. en ese momento fue una alegría de que terminaran todos los tiros, todo. Recuerdo después el miedo en el momento de la rendición de entregarnos, de caer prisioneros…”. “Era una alegría por lo que uno salió bien, no fue herido ni nada por estilo, más allá del dolor de los compañeros muertos”

Nos trajo un barco inglés, nos desembarcó en Uruguay y de ahí nos cruzaron para Buenos Aires. Cuando nosotros volvimos de Montevideo, entramos por la puerta de atrás. Nos hicieron hacer una formación, nos subieron al colectivo, no querían  que abriéramos las ventanillas. Del puerto ese, no sé cuál era, nos llevaron a un regimiento a Campo de Mayo y de ahí nos tuvieron diez días alimentándonos para volver a engordar un poco y después nos retornaron a los regimientos de orígenes”.

“Cuando volví todo bien, no había síntomas de nada. Al principio lo asimila bien pero cada vez se te hace más difícil. Lo que queda, como en toda guerra, nada es bueno, y te marca, te marca mucho, lo que uno vive, los compañeros que no están, los que han sido heridos y que uno no quisiera que otro lo vuelva a pasar, no es linda la experiencia”. “Al principio no necesité ayuda, sí la necesité este último tiempo, ya que uno se va  marcando más. A lo mejor a mí me hubiese sido conveniente antes…pero bueno”.

“Hay muchos -ex combatientes- que no han podido conseguir trabajo, hemos sido desatendidos en lo psicológico y hay muchos suicidios. Un número exacto de los que hemos ido no hay, se habla de 11 mil, 14 mil, 22 mil y en una cifra de esas que cuatrocientas personas se hayan matado no habla muy bien de una atención psicológica post guerra”.

El saldo final de la guerra fue la reocupación de los tres archipiélagos por el Reino Unido y la muerte de 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños.

Desde el final del conflicto, más de 350 combatientes se quitaron la vida. La mayoría lo hizo entre los meses de marzo y junio, justamente cuando los recuerdos de la guerra se vuelven más acuciantes.

                        

 

 

 

¿Qué tienen en común?

 

Jorge Rafael Videla, Presidente de facto 1976-1981. Ernesto "Che" Guevara, líder revolucionario, asesinado en Bolivia en 1967.

 

Isaac Rojas, Vicepresidente de facto 1955-1958. Pedro Aramburu, Presidente de facto 1955-1958. Padre Carlos Mugica, asesinado en 1974 por la Triple A.

Isaac Rojas, Vicepresidente de facto 1955-1958. Pedro Aramburu, Presidente de facto 1955-1958. Padre Carlos Mugica, asesinado en 1974 por la "Triple A".

 

 

 

 

 

 

 

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Azucena Villaflor, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, desaparecida en 1977. Carlos Saúl Menem, Presidente 1989-1999.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Emilia Dambra, madre de dos desaparecidos y un niño apropiado en la última dictadura militar. Carlos Eduardo Robledo Puch, condenado por 10 homicidios calificados, 1 homicidio simple, 1 tentativa de homicidio, 17 robos, 1 violación, 1 tentativa de violación, 1 abuso deshonesto, 2 raptos y 2 hurtos.

Emilia D'ambra, madre de dos desaparecidos y abuela de un niño apropiado en la última dictadura militar. Carlos Eduardo Robledo Puch, condenado, entre otras cosas, por 10 homicidios calificados, 17 robos, 1 violación y 2 raptos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arturo Ilia, Presidente 1963-1966. Luciano Benjamin Menéndez, condenado a prisión perpetua por crimenes de lesa humanidad. Agustin Gringo Tosco, gremialista de Luz y Fuerza Córdoba, muere en la clandestinidad en 1975.

Arturo Ilia, Presidente 1963-1966. Luciano Benjamín Menéndez, condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad. Agustín "Gringo" Tosco, gremialista de Luz y Fuerza Córdoba, muere en la clandestinidad en 1975.

 

Todos nacieron en Argentina y son frutos de la misma sociedad.

Conocer historias de vida de gente como vos y yo quizás nos permita comprender cómo estas personalidades pueden ser productos de la misma sociedad.

…soy de un país
complicadísimo
latinoeruocosmopoliurbano
criollojudipolacogalleguisitanoira
según dicen los textos y los textos que dicen
pues dicen y como dicen
así será la historia pero yo
les aseguro que no es cierto…

Fragmento
del poema “Pensamientos” de Juan Gelman.

Perfil

Nací en la ciudad de Córdoba, Argentina el 02 de mayo de 1985. Actualmente me encuentro cursando el 4º año de la Licenciatura en Comunicación Social en el Colegio Universitario de Periodismo Obispo Trejo y Sanabria.
mayo 2017
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